Creer y contemplar (1997). (2026)

 


Creer y contemplar (1997). México, 2026.

Introducción 

L

a lectura espiritual de la Biblia (o lectio divina, como se le ha llamado desde la antigüedad) es un ejercicio de lectura creyente individual, pero situada siempre en un marco comunitario atento a las coyunturas humanas de todo tipo. Acercarse de este modo a la Escritura implica una profunda disposición para ser tocados/as por la incisividad de la Palabra divina, además de que constituye un diálogo con ella en el cual, mediante el manejo adecuado y pertinente de todas las herramientas de comprensión al alcance, se actualice el mensaje bíblico desde sus propias coordenadas históricas y existenciales.

Como escribe Notker Füglister, uno de los primeros requisitos para esta lectura es la capacidad de evocación de cada lector/a, es decir, de la forma en que sitúe en continuidad con la tradición espiritual representada por el texto en cuestión. Aun cuando él se refiere a la poesía bíblica, es posible aplicar esta idea y práctica al resto de la Biblia pues su carácter intrínseco de apelación obliga a participar activamente en el diálogo histórico, espiritual y literario con las Escrituras. Además, es preciso incorporar a la lectura todo aquello que enriquezca este diálogo y que exprese los diversos niveles de afectividad hacia el Ser divino. De ahí que el individualismo no puede ser la consigna para leer de este modo los textos. La comunidad y la historia son los espacios que registran la conflictividad humana y en los que, a más de la propia interioridad, desea manifestarse la acción divina.

La dialéctica individuo-comunidad y comunidad-historia son los marcos dentro de los cuales se ha leído y se seguirá leyendo la Escritura. En América Latina, particularmente, se ha desarrollado toda una escuela de lectura comunitaria de la Biblia, uno de cuyos frutos es una enorme cantidad de acercamientos e interpretaciones de textos o pasajes que se han experimentado como sumamente pertinentes para las diversas situaciones que se viven en el continente.

Los grupos de estudio bíblico, de diversas regiones, países y niveles socioeconómicos, han transformado su práctica cristiana a partir de esta forma de convivencia con la Palabra, en la cual cabe de todo, desde la búsqueda personal más aislada, pero siempre con los ojos, los oídos y la mente atentos a lo que Dios quiere decirnos en medio de nuestras circunstancias sociales, políticas, económicas y culturales. De otra forma, la lectura bíblica seguirá promoviendo el escapismo y el subjetivismo más enajenantes.

En el caso específico de estas lecturas, se ha considerado la poesía como un vehículo privilegiado para dialogar con la Palabra, puesto que la respuesta que ésta demanda de sus oyentes se finca en la fe que brota, aprende, crece y se desarrolla a partir de los cánones de la propia Escritura, relacionados estrechamente con una expresión poética a toda prueba. De ahí que grandes porciones del texto bíblico estén redactadas de esa forma, especialmente los Salmos, los oráculos proféticos y la enseñanza de Jesús, por citar sólo algunas.

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